
Junto a mi buen amigo el Cíclope -quien sabe de mi profunda estima, aunque de puro gil no he estado siempre junto a él todo lo que debería- y más gente "del riñón" hemos visitado este fin de semana Choripaso. Como verán, tanto oficialismo al final da sus réditos y este blogger ya no se priva de nada.
Este bello lugar ubicado en la intersección de la Ruta Nacional 5 y la Ruta provincial 30, en la entrada a Chivilcoy (164 kilómetros de la capital) me permitió palpar una vez más -en el buen sentido- esa rectivación que -según muchos comentadores de este blog- Eduardo Alberto Duhalde nos supo conseguir y en la que, como todos ya sabemos por la prédica de los exitosos, Néstor Carlos Kirchner no tuvo nada (pero nada, eh) que ver. Pura suerte. Un contexto externo formidable y ahí lo tenés: de repente, Choripaso.
Se trata de un complejo turístico - gastronómico de proporciones. De movida, uno de esos hoteles de ruta que no deja nada librado al azar. Calidad, servicio y limpieza. No le pidan simpatía ni privacidad acústica, pero bueno, con eso basta. 80 pesitos la doble.
Y ahí nomás, es como si lo estuviera recordando. Frente a mis ojos, en el medio de lo que uno considera no precisamente Florida y Corrientes, un restaurant de aquellos. Sábado a la noche. Lleno. Familias. Hombres, mujeres, abuelas, tías, chicos. Muchos. Cocas de litro y medio. Vinitos. Meseras serviciales. Comidas variadas, frescas. Puro amor chivilcoyano.
No noté allí, en esa zona tocada por la varita mágica de la fertilidad telúrica, furia contra el aumento de las retenciones. No escuché conversaciones acerca de lo feo que es el cortoplacismo ni las variadas formas en que está siendo mansillada la República. La gente charla de cosas más light. Así estamos.
Me enteré luego de que en Chivilcoy ganó el candidato a intendente del Frente para la Victoria con el 73,39 por ciento. Puro voto licuadora.
Autor de la foto, aquí.
Este bello lugar ubicado en la intersección de la Ruta Nacional 5 y la Ruta provincial 30, en la entrada a Chivilcoy (164 kilómetros de la capital) me permitió palpar una vez más -en el buen sentido- esa rectivación que -según muchos comentadores de este blog- Eduardo Alberto Duhalde nos supo conseguir y en la que, como todos ya sabemos por la prédica de los exitosos, Néstor Carlos Kirchner no tuvo nada (pero nada, eh) que ver. Pura suerte. Un contexto externo formidable y ahí lo tenés: de repente, Choripaso.
Se trata de un complejo turístico - gastronómico de proporciones. De movida, uno de esos hoteles de ruta que no deja nada librado al azar. Calidad, servicio y limpieza. No le pidan simpatía ni privacidad acústica, pero bueno, con eso basta. 80 pesitos la doble.
Y ahí nomás, es como si lo estuviera recordando. Frente a mis ojos, en el medio de lo que uno considera no precisamente Florida y Corrientes, un restaurant de aquellos. Sábado a la noche. Lleno. Familias. Hombres, mujeres, abuelas, tías, chicos. Muchos. Cocas de litro y medio. Vinitos. Meseras serviciales. Comidas variadas, frescas. Puro amor chivilcoyano.
No noté allí, en esa zona tocada por la varita mágica de la fertilidad telúrica, furia contra el aumento de las retenciones. No escuché conversaciones acerca de lo feo que es el cortoplacismo ni las variadas formas en que está siendo mansillada la República. La gente charla de cosas más light. Así estamos.
Me enteré luego de que en Chivilcoy ganó el candidato a intendente del Frente para la Victoria con el 73,39 por ciento. Puro voto licuadora.
Autor de la foto, aquí.
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