
Estuve leyendo el último informe de Mario Brodersohn en el que busca predecir "El escenario económico en las elecciones de 2009". El pronóstico es que todo irá mal, muy mal. Y que la oposición debe centrarse en el tema económico para hacerle mella al Gobierno. Más allá de las conclusiones, que espero que no se cumplan, hay dos fragmentos increíbles:
- Hacia el final, Brodersohn nos dice, con algunos tiempos de verbo muy, digamos, de economista, que el Gobierno deberá tomar medidas luego de las elecciones legislativas del año próximo y que "no tendrá otra opción que asumir costos políticos más elevados que los que quiso evitar". Y culmina: "si no lo hace, serán las fuerzas del mercado las que tomaran la iniciativa y cubrirán ese vacío". Yo me pregunto: qué pasa por la sicología de un economista de un partido que se comió un golpe de mercado, con toda su tragedia, cuando escribe esto. ¿Es el síndrome de Estocolmo? ¿O hay que inventar otar categoría? No sé, algo como "Síndrome de Chascomús".
- Lo mejor de todo, por lejos, del informe -esto lo digo en serio, es algo que nunca se me había ocurrido y resulta una perspectiva intersante para pensar, a pesar de que el autor lo utliza muy truchamente- es esta parte:
"El aporte más importante de la convertibilidad, dejando de lado el alto precio que se pagó con la crisis del 2002, fue que permitió crear una nueva generación de consumidores, luego de 10 años de estabilidad de precios, que no esta dispuesta a aceptar y volver a repetir los hábitos de comportamiento de las etapas de altas tasas de inflación que caracterizaron a las décadas del 60 al 80. El resurgir de la inflación a partir del 2007, con aumentos de precios del 25-30% anual que pueden ser tomados como moderados y aceptables por los sobrevivientes de las décadas pasadas de alta inflación, son resistidas por esta nueva generación de consumidores (...) Esta nueva realidad sociológica en la conducta de los consumidores no es ponderada adecuadamente por los responsables del gobierno actual, que muy posiblemente suponen que basta
con mentir y manipular con el Índice de Precios para convencer a los consumidores que no estamos volviendo a las décadas inflacionarias del 60 al 80. El Presupuesto del Gobierno para el 2009 es un ejemplo elocuente de este enfoque no creíble dado que fija una meta inflacionaria del 8% anual, levemente inferior a la inflación del 2008".
Espero vuestros comentarios para ver qué piensan de esto, insisto, me parece interesante.
En pleno carrousel de la alegría, Brodersohn nos augura para el año próximo:
• Puja distributiva entre precios y salarios.
• Puja distributiva entre tarifas y subsidios.
• Puja distributiva entre atraso cambiario y retenciones a las exportaciones.
• Puja distributiva por los recursos impositivos entre el gobierno nacional y las provincias.
Parece que el cletismo tiene quien le (perdón por la expresion) escriba ¿no?


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