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miércoles, octubre 01, 2008

Puja distributiva: quiero medir con mi I Phone

Estuve leyendo el último informe de Mario Brodersohn en el que busca predecir "El escenario económico en las elecciones de 2009". El pronóstico es que todo irá mal, muy mal. Y que la oposición debe centrarse en el tema económico para hacerle mella al Gobierno. Más allá de las conclusiones, que espero que no se cumplan, hay dos fragmentos increíbles:
  • Hacia el final, Brodersohn nos dice, con algunos tiempos de verbo muy, digamos, de economista, que el Gobierno deberá tomar medidas luego de las elecciones legislativas del año próximo y que "no tendrá otra opción que asumir costos políticos más elevados que los que quiso evitar". Y culmina: "si no lo hace, serán las fuerzas del mercado las que tomaran la iniciativa y cubrirán ese vacío". Yo me pregunto: qué pasa por la sicología de un economista de un partido que se comió un golpe de mercado, con toda su tragedia, cuando escribe esto. ¿Es el síndrome de Estocolmo? ¿O hay que inventar otar categoría? No sé, algo como "Síndrome de Chascomús".
  • Lo mejor de todo, por lejos, del informe -esto lo digo en serio, es algo que nunca se me había ocurrido y resulta una perspectiva intersante para pensar, a pesar de que el autor lo utliza muy truchamente- es esta parte:
"El aporte más importante de la convertibilidad, dejando de lado el alto precio que se pagó con la crisis del 2002, fue que permitió crear una nueva generación de consumidores, luego de 10 años de estabilidad de precios, que no esta dispuesta a aceptar y volver a repetir los hábitos de comportamiento de las etapas de altas tasas de inflación que caracterizaron a las décadas del 60 al 80. El resurgir de la inflación a partir del 2007, con aumentos de precios del 25-30% anual que pueden ser tomados como moderados y aceptables por los sobrevivientes de las décadas pasadas de alta inflación, son resistidas por esta nueva generación de consumidores (...) Esta nueva realidad sociológica en la conducta de los consumidores no es ponderada adecuadamente por los responsables del gobierno actual, que muy posiblemente suponen que basta
con mentir y manipular con el Índice de Precios para convencer a los consumidores que no estamos volviendo a las décadas inflacionarias del 60 al 80. El Presupuesto del Gobierno para el 2009 es un ejemplo elocuente de este enfoque no creíble dado que fija una meta inflacionaria del 8% anual, levemente inferior a la inflación del 2008".

Espero vuestros comentarios para ver qué piensan de esto, insisto, me parece interesante.

En pleno carrousel de la alegría, Brodersohn nos augura para el año próximo:
• Puja distributiva entre precios y salarios.
• Puja distributiva entre tarifas y subsidios.
• Puja distributiva entre atraso cambiario y retenciones a las exportaciones.
• Puja distributiva por los recursos impositivos entre el gobierno nacional y las provincias.

Parece que el cletismo tiene quien le (perdón por la expresion) escriba ¿no?

lunes, julio 30, 2007

Brodersohn, me parece que no medís

Brodersohn prende una vela más (y van...) y pregunta: "¿El 2009 SERA PARA KIRCHNER LO QUE FUE 1987 PARA ALFONSIN Y 1997 PARA MENEM?". Léalo en su último informe.

viernes, junio 13, 2008

Hay que leerlo ¿cómo mide?

Mi amigo Norman me manda el último informe de Brodersohn. Ya lo había visto en los feeds igual. Ahora que lo leo me parece que es interesante lo que marca pero, como que todavía no se entiende bien para donde vamos:
  • El Gobierno parece haber pasado de tasas bajas a tasas altas.
  • De dólar alto a dólar bajo.
Parece haber un enfriamiento de la economía (sin contar el impacto de los cortes de ruta y lockout). ¿Es política antiinflacionaria? ¿de ajuste? ¿son parábolas? Brodersohn no parece muy seguro.

jueves, enero 14, 2010

Tratando de entender si mide o qué


En cuatro minutos de tu valioso tiempo te puedo contar esto. Hoy hay dos notas interesantes en El Cronista. Una de Marina Dal Poggetto, quien es directoria de Bein & Asociados, y otra que hace un resumen del último informe del Banco Ciudad -entidad encabezada por el ortodoxo Federico Sturzenegger-.
Dice Dal Poggetto:
  • "Nuestras estimaciones de cuenta corriente para este año apuntan a u$s 9.000, casi un 20% de las reservas totales y una vez y media el monto del fondo del Bicentenario. Es decir, con la salida de la cosecha se recuperaría totalmente lo invertido en el fondo, o directamente podría éste constituirse con los flujos del sector externo como plantean algunas propuestas ya que el primer vencimiento fuerte de deuda es recién en agosto próximo".
  • "¿Qué es lo que se discute entonces? La posibilidad de extender el financiamiento del BCRA al Tesoro, más allá de lo que establece su Carta Orgánica y/o sus utilidades realizadas, brinda grados de libertad a la política para seguir financiando una expansión del gasto público por encima del PIB nominal y de la recaudación.
  • "Limitar la necesidad de hacer un ajuste fiscal entonces, devaluando la moneda y aumentando tarifas para bajar subsidios (con los costos en términos de inflación resultantes sobre niveles, ya de por sí elevados), es lo recomendable hoy".
En resumen: no hagan el fondo del Bicentenario, esperen a que llegue la cosecha, con eso paguen la deuda, devalúen el peso y aumenten las tarifas. Bue, la verdad no me cierra mucho el tema así.

Veamos que leyendo a Dal Pogetto cobra sentido la declaración de, por ejemplo, el diputado Martín Sabbatella, en el sentido que "los que no quieren tocar las reservas, quieren usar los fondos del presupuesto para pagar la deuda, y eso implica sacarle recursos a la inversión social y productiva. Buscan achicar la inversión pública cuando hay que hacer todo lo contrario. Buscan enfriar la economía cuando hay que seguir inyectando recursos que generen mayor consumo, mayor producción, mayor empleo, en definitiva mayor crecimiento con equidad”.

Al gobierno le disminuyó el superávit en tiempos de crisis, como señala el compañero Brodersohn. Bueno hubiera sido que hubiera subido, estimado. A mi entender, es una obligación del gobierno reducir el superávit cuando aparece la dinámica de la recesión. El tema es cómo se sigue después y cuáles son las alternativas. Lo de pedirle prestado plata al sector privado local, que propone el titular de Econométrica, no me cierra.

El informe del Banco Ciudad macrista, en tanto, más allá de hacer algunos malabares con las cuentas, señala que "el escenario externo y local sugiere que el año 2010 presenta condiciones para ser mucho mejor que el 2009". Bastante en línea con esto que escribíamos tratando de desdramatizar, por acá.

Sobre el tema de la deuda y su legitimidad, pienso tres o cuatro cosas:
  • Del Plan Brady para acá, cuando se trató de sacar de zona de peligro a los bancos estadounidenses, la deuda se difundió en múltiples tenedores de bonos. ¿Quién tiene qué parte? ¿Qué parte es cuál? Difícil.
  • Con el canje de deuda que hizo el kirchnerismo en su momento se optó por una salida de la deuda: canje con quita. Más que optarse por el concepto de legitimidad o no, se optó por el argumento de la capacidad de pago. Miren, yo puedo pagar hasta acá, tráiganme esos bonos que tienen y yo les doy otros. Eso sí, con quita, muchachos. Fíjense el país que tengo, ¿para cuántos caramelos me alcanza, señora? ¿Tres? Deme tres. Fue una quita sustancial, quiero recordar.
  • Demos la discusión por la legitimidad de la deuda, no hay problema. Es positivo darla, pero coincido con mi amigo durito: de darse es un tema que se tiene que discutir de manera regional. Imaginate si nosotros frenamos los pagos. Los primeros que nos van a llamar son los compañeros presidentes de los países vecinos -que sí son compañeros-, que se están pelando la cola para hacer frente a sus propios vencimientos.
  • Argentina juega en la liga de los países medianos. Con todas las complejidades que eso tiene. Como Brasil, México, Chile, ponele. Ecuador, caso que se cita como ejemplo de rebelión deudora, juega a otra cosa, con un PIB que es el 20% del de la Argentina.

Autor de la foto.

martes, marzo 03, 2009

Reversión total. El proyecto con el que quieren medir es reversión total



Lo ha dicho hasta el hartazgo el amigo
Manolo. La oposición está en default ideológico. Por formación me gusta pensar en esos términos, más bien estructurales. Tiendo a creer que lo psicológico tiene pocos efectos en la política real. Pero hay momentos en que me veo obligado a repensar los enfoques. Por ejemplo, cuando leo a Mario Brodersohn en su último informe cerrar con una cita de Claudio Escribano: "de nada serviría la derrota del gobierno en las próximas justas electorales si fuera solo para producir una renovación de elencos, sin reversión de políticas y de estilos”.
Leo la palabra "reversión" y me ocurre algo físico. Nada bueno. A todo esto, digo, más bien, reitero. A un ex funcionario radical, de un gobierno que en algún momento intentó no ser de derecha y que se fue por un "golpe de mercado". ¿Qué le pasa cuando escribe esto? ¿Es Síndrome de Estocolmo?

La foto no tiene mucho que ver, pero en Flickr dice que proviene de Suecia.