martes, junio 07, 2011

Feliz Día del Peronista para medir


Hoy terminé de leer Diario de la Argentina, de Jorge Asís (ejemplar dedicado por el autor para Jorge Fontevecchia en 1984).
No soy crítico literario, pero digo:
Es una obra hermosa. Me emocionó ("Pidió una tortilla de acelga, un huevo duro, una copa de vino blanco, le sobraba el tiempo para ir al diario. Después, con el café, en su cuaderno de tapas duras, intentaría bosquejar para engañarse algún futuro cuento, o trataría de solucionar algún capítulo d ela novela que no avanzaba. Sin embargo, como siempre, la planificación no resultaba: se interponía la imagen de Bettina, parada con su mirada perversa y los labios húmedos, ella se abreviaba acaso porque él estaba alejándose. En su cuaderno, después de la tortilla, apenas pudo anotar: medias tres cuartos, zapatos acordonados, ganas de ser feliz"), me hizo reír mucho ("Era inútil, siempre al verlo o recordarlo, evocaría lo que dijo Milos, en plena Peatonal San Martín de Mar del Plata, a una de sus cuantiosas mujeres: 'Andá a comprarme cigarrillos o esta noche no te chupo la concha'"), me interesó.
El chismorreo sobre el diario, la posibilidad de encontrar personajes reales detrás de los nombres cambiados (Bagnatto, la viuda de Alcalde) son cosas menores al lado del libro, de lo bien que escribe el Asís que leí.
Lo más relevante me parece el retrato de cierta vida cotidiana durante la dictadura -porque el libro va del 76 al 83, con algún flashback-. El miedo a la delación, la frivolidad mientras tanto, los silencios, las miradas de ex militantes, la opresión, los buchones, la malaria.
Todo lo que uno quiera saber sobre cualquier redacción periodística -o cómo eran ellas antes, por lo menos- está ahí, en Diario de la Argentina.
"Era sangre nueva para la máquina, carne fresca, carne y sangre que deseaban grandiosamente convertirse en picadillo, sangre que se quería pudrir, coagular, estancar, era un cuerpo nuevo y una mente que anhelaba especialmente cierta estabilidad, un respaldo, ser hombre del Diario, gajito de prestigio entre los familiares, admiración de los vecinos y del portero del consorcio, apasionante manejo de la información, posible plataforma de lanzamiento, centro de referencia, nuclealización de chivos, perspectivas de conocer el mundo en caso de tener suerte y saberse manejar, conocer gente, la sanata, la frialdad en el hocico, los sandwiches de sapo, las palmaditas, el sacerdocio, hermano, el poder".
La gran cosa de este libro, que parece haber perdido Asís, es la mirada ultra crítica sobre sí mismo. ("¿Y si la libertad también era una red? Estabas jodido, Rivarola, eras un periodista irreparable que extrañaba hondamente la cuadra. La literatura, quién iba a decírtelo, era también insuficiente. ¿Pero qué mierda querés? Era nomás un periodista vicioso que extrañaba el manejo de la información, el centro de referencia, los compañeros. Nadie entonces podía imaginar que Rivarola despotricaba contra su incierta consagración, quería rebobinar pero era tarde, un esclavo del éxito provisorio que lo condenaba a la soledad. Perdiste, Rivarola, te va bien, aguantátela.")
Me gustó mucho. Feliz Día del Periodista.

Foto.

5 comentarios:

Avallay dijo...

Hasta me dio ganas de leerla.

El Mellizo dijo...

la leí hace mucho, qué bien que escribía el turco!

Juan Agustín Robledo dijo...

Si no leíste aún Flores robadas..., no dejes de hacerlo. El mejor Asís, según mi opinión.

el Soldado Desconocido dijo...

Sobre esa época hay mucho escrito relatando la persecución, el heroísmo o los sueños de nuestros militantes, pero hay muy pocos que se hayan explayado tanto y tan bien sobre aquellos otros personajes que tb integraban ese escenario: Los Fundidos. Asís se encargó de contar la historia de Los Fundidos (él mismo entre ellos), personajes menos heroicos pero igual de representativos de nuestra juventud maravillosa. Me permito copiar un fragmento de Flores Robadas que para mí sintetiza este mérito de la obra del Turco:

“Entiéndase que son dos sobrevivientes que no tienen más nada, a uno le queda solamente el otro y apenas si se aguantan. Son de esos que ya no saben qué hacer cuando se encuentran solos, si ni siquiera tienen una queja nueva que entregarse; a gatas permanece la posibilidad del regodeo, en sus historias personales, calcadas, con un sentido chiquitito así. Ya se les acabaron las excusas, las palabras y los silencios, y entonces huyen, por ejemplo, hacia Corrientes, a encontrar algún vestigio que tenga que ver con sus pasados, a cualquiera que los reconozca desde aquellos tiempos irreales, y les certifiquen que sí, que existen, que son ciertos. Algún conocido para tomar un café, para cambiarse muertos como figuritas, para comentar viejos proyectos, compadecer la manera en que los sueños se fueron, derechito, a la mierda, por culpa de una realidad manejada con astucia, que hizo una avalancha y los dejó desguarnecidos, a merced de la providencia, con un capital sólido en frustraciones y miedos, y con, más o menos, treinta años, eso es lo grave”

Nicolás Tereschuk (Escriba) dijo...

Me dan ganas de leer más.
Abrazo